martes, 2 de marzo de 2010

Lujuria

Deseo sexual desordenado e incontrolable. Mi pecado capital favorito, y el que seguro que solito haría inclinarse la balanza a favor del infierno. Pero es donde siempre quise estar; los ángeles no tienen sexo y yo quiero sexo, para qué nos vamos a engañar.

El por qué de mi condena...

La herida perpetua de mi labio que no hago más que abrir una y otra vez pensando en ti.
La necesidad de sentir el contacto con tu piel perlada de sudor.
Ansia por besar, lamer, morder y succionar...
Abrir la boca y respirar bruscamente buscando ese oxígeno que haces que me falte.
Crear una sinfonía de suspiros, respiraciones entrecortadas, gruñidos, gemidos y, por qué no, gritos.
Contar las heridas de guerra que me quedan después pero que pasan a ser un souvenir.
La repetición hasta la extenuación de cualquier ritual que implique un jadeo por tu culpa.
El fuego, las ganas contenidas, la urgencia, la pasión, la entrega, el deseo...
Tus manos perdiéndose por cada una de mis curvas y rincones por descubrir. La sabiduría de las mismas...
La búsqueda de equilibrio perfecto entre placer e incluso a veces dolor.
Los juegos en los que ambos ganamos y ninguno pierde y las únicas piezas somos tu y yo.
Recoger la ropa esparcida por la habitación y algún que otro botón furtivo y volver a tirarla antes de que de tiempo a usarla.
La pérdida de la noción del tiempo, el pudor y sales minerales. Y sobre todo la pérdida de importancia de todo lo que nos rodea.
La musicalidad de los crujidos de la cama, el tintineo del cabecero y a veces las quejas de los vecinos.
El combate cuerpo a cuerpo sin tregua ni fin previsto. No hay armisticio posible, ni trinchera que valga.
Ejercitar nuestros cuerpos en sucesiones imposibles de ritmos y posturas.
Recuperar el sentido de la existencia, uno de nuestros instintos primarios y entrenar.
Olvidar la existencia del NO y de los demás.
Porque a veces eres la víctima perfecta y otras lo soy yo.
Abandonarnos al placer y repetir una y otra vez, una y otra vez, una y otra vez, una y otra vez...