Deseo sexual desordenado e incontrolable. Mi pecado capital favorito y el que seguro que solito haría inclinarse la balanza a favor del infierno. Pero siempre quise estar; los ángeles no tienen sexo y yo quiero sexo para qué nos vamos a engañar.
El por qué de mi condena...
La herida perpetua de mi labio que no hago más que abrir una y otra vez pensando en ti.
La necesidad de sentir el contacto con tu piel perlada de sudor.
Ansia por besar, lamer, morder y succionar...
Abrir la boca y respirar bruscamente buscando ese oxígeno que haces que me falte.
Crear una sinfonía de suspiros, respiraciones entrecortadas, gruñidos, gemidos y, por qué no, gritos.
Contar las heridas de guerra que me quedan después pero que pasan a ser un souvenir.
La repetición hasta la extenuación de cualquier ritual que implique un jadeo por tu culpa.
El fuego, las ganas contenidas, la urgencia, la pasión, la entrega, el deseo...
Tus manos perdiéndose por cada una de mis curvas y rincones por descubrir. La sabiduría de las mismas...
La búsqueda de equilibrio perfecto entre placer e incluso a veces dolor.
Los juegos en los que ambos ganamos y ninguno pierde y las únicas piezas somos tu y yo.
Recoger la ropa esparcida por la habitación y algún que otro botón furtivo y volver a tirarla antes de que de tiempo a usarla.
La pérdida de la noción del tiempo, el pudor y sales minerales. Y sobre todo la pérdida de importancia de todo lo que nos rodea.
La musicalidad de los crujidos de la cama, el tintineo del cabecero y a veces las quejas de los vecinos.
El combate cuerpo a cuerpo sin tregua ni fin previsto. No hay armisticio posible, ni trinchera que valga.
Ejercitar nuestros cuerpos en sucesiones imposibles de ritmos y posturas.
Recuperar el sentido de la existencia, uno de nuestros instintos primarios y entrenar.
Olvidar la existencia del NO y de los demás.
Porque a veces eres la víctima perfecta y otras lo soy yo.
Abandonarnos al placer y repetir una y otra vez, una y otra vez, una y otra vez, una y otra vez...



Solo dos piezas... Cógeme de la mano y vayamos a pasear por el segundo círculo :P
ResponderSuprimirMi querida Nai. ¿Cómo olvidar la existencia del NO? Es la respuesta que recibo siempre...
ResponderSuprimirSiempre suyo
Un completo gilipollas
Cualquiera se declararia culpable ante estos hechos no te preocupes, además al cielo solo van los que su vida terrenal se la pasan en las nubes
ResponderSuprimirMi pecado preferido. Y además me identifico tanto con tu post que me daban ganas de aplaudir mientras lo leía. El anterior me ha hecho reir bastante, por cierto. Creo que tengo los siete pero este, el de la lujuria es el que no consigo superar. Aunque da igual. Con él, como tu dices, "recuperas el sentido de la existencia". Sería un nihilista infeliz si no fuese por la alegría de los polvazos.
ResponderSuprimirLa existencia del No...
ResponderSuprimirSi no reconocemos el placer estariamos perdidos, y si solo fuera placer lo seguiriamos estando...
Me ha gustado mucho la entrada...
Te Sigo!
saludoscaribeños,
=D
Sabes que los polvos así son los mejores que pueden existir? La lujuria sera un pecado capitar, pero qué pecado mas perfecto...
ResponderSuprimirBesos
Amén Jesús.
ResponderSuprimirEstoy harta de edulcorantes, sacarina y aspartamo.
¿Porqué lo llaman amor cuando quieren decir sexo?
Me gusto mucho como esta escrito. Ando dando vueltas por varios blogs y encuentro que la mayoria de las mujeres hablan de la lujuria o el sexo, mas que los varones. Raro (?
ResponderSuprimirsi tenes tiempo pasa por mi blog, yo tmb escribo, pero sobre temas varios
http://inocenciaenextincion.blogspot.com/