Reconozco que me he acostumbrado a vivir en una penumbra constante. Cuando los ojos se acostumbran a esa falta de luz puedes llegar a ver las cosas, distingues formas aunque muchas veces esas formas se tornan bizarras.
Vivo atenazada por el miedo a encender la luz. Cuando los electrones comiencen su frenético baile por el filamento de tungsteno mi pupila deberá cerrarse y dejar pasar sólo la luz que necesito. Este proceso suele doler, no me gusta sufrir gratuitamente.
Voy a encender la luz...
Después de un tiempo en el que creí quedarme ciega me he dado cuenta de que todo se ve con más claridad. Lo que parecían objetos bizarros y aterradores ahora son objetos ordinarios. Además ahora veo más allá, veo más cosas y con mucha más claridad.
El proceso no ha sido agradable pero supongo que a partir de ahora no volveré a darme un golpe con algo que no veo.



Según Platón te diría que has salido de la Caverna pero en la Caverna estaba él con sus gilipolleces de separar el cuerpo del alma y darle más importancia al espíritu que a un buen polvo. Tú lo explicas mejor dos mil años más tarde. Empiezas a ver la luz pero sin misticismos baratos. A fuerza de aprender te vas haciendo más sabia.
ResponderSuprimirElegiría vivir comiendo, fornicando y durmiendo...
ResponderSuprimirSiempre suyo
Un completo gilipollas
Sin embargo, al revés de lo que dices al final, yo creo que SÍ volverás a darte un golpe con algo que no ves.
ResponderSuprimirEs la condición humana, querida Nai. Repetimos nuestros errores una y otra vez...
P.D.- Para el completo gilipollas (sin ánimo de ofender): sepa usted que estoy de acuerdo con el 66% de las tareas que propone. ;)
Dejémoslo a medio camino de todo. Una pequeña lamparilla en la noche, gafas de sol de día.
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