*He ido a pedir hora al dentista y mientras esperaba una señora me ha abierto los ojos. Ha entrado antes que yo, cuando ha llegado al mostrador una señorita vestida de azul y pistacho muy sonriente le ha preguntado 'Qué desea?' y ella ha contestado algo que no me esperaba. Ha mirado con seguridad, se ha atusado su traje de chaqueta negro y ha dicho 'Quiero que me miren'. Si, la señora quiere que le miren (cómo todas) pero ella se atreve a decirlo, quiere que le miren. Cómo si la señorita de azul y pistacho fuese el genio de la lámpara, ha formulado un deseo, la señora de negro quiere que le miren, necesita sentirse observada, demanda atención. La señorita de azul le ha dicho 'de acuerdo' y le ha dado cita para mañana. Mañana será vista, mirada y observada. Me pregunto cómo se vestirá para esa ocasión, volverá a llevar un traje de chaqueta como el de hoy? o quizás se pondrá mas sexy?
Cuándo ha llegado mi turno me he acercado al mostrador y no sabía que deseo formular ante aquella particular genio de la lámpara asique guardé mi deseo para pensarlo con más calma, de momento he pedido cita.
*Hoy paseando a la vuelta del cole (de dejar al trasto) seguí pensando en la gran teoría de que los paraguas son un invento nazi. Si, cómo lo oís. No os resulta extraño que cuando llueve todo el mundo saca unos objetos que sólo y únicamente sirven para hacer daño? No te tapa de la lluvia, terminas siempre igual de mojado pero con una satisfacción. Has sacado 3 ojos. Hombre... si llegas mojada y puteada a casa pero has sacado los ojos a tres marujas que te caen mal... te divierte, pero y cuándo eres tu la ultrajada? y cuándo son un horda de marujas desbocadas que arrementen contra ti? sí, sin ningún miramiento ni piedad, ellas llevan su paraguas, estan protegidas en cambio... tu no.
Los nazis se lo montaron bien, inventaron el maldito paraguas que servía para erradicar a los judíos de una manera silenciosa, minándolos poco a poco. Saltándolos los ojos. Pero la práctica más agresiva, dolorosa y tortuosa es la que he sufrido yo hoy; un intento de trepanación con un paraguas. Una señora ha visto que me iba con mis ojos y cómo eso no podía ser me ha alcanzado en la cabeza con el paraguas, con las puntitas esas de metal en las que termina cáda bastidor. Confundida he intentado escapar pues cómo había amainado un señor se acercaba hacia dónde me encontraba con el paraguas en ristre enseñándome una nueva manera de utilizar este objeto cómo un arma. Empuñaba el paraguas con un resquicio de ira en su mirada, movía el brazo frenéticamente y atacaba a la gente de manera sibilina, por detrás.
Ni que decir tiene que he conseguido regresar entera a casa. La jungla de asfalto no puede conmigo.
domingo, 24 de febrero de 2008
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