jueves, 7 de febrero de 2008

Cántico de sangre

Deseo ser santo. Deseo salvar a millones de almas. Deseo hacer el bien en todo el mundo. ¡Deseo combatir el mal! Deseo ver mi estatua, realizada a tamaño natural, en todas las iglesias. Mido un metro ochenta centímetros de estatura, tengo el pelo rubio y los ojos azules.
Un momento.
¿Sabe usted quién soy?
Estoy pensando que quizá sea usted un lector nuevo y todavía no haya oído hablar de mí.
En tal caso, permítame que me presente, cosa que me encanta hacer al comienzo de cada uno de mis libros.
Soy el vampiro Lestat, el vampiro más potente y entrañable que haya sido creado jamás, un ser sobrenatural impresionante, de doscientos años, aunque fijados para siempre en la forma de un varón de 22 años con unas facciones por las que usted estaría dispuesto a morir... y quizá lo haga. Soy increiblemente ingenioso e innegablemente encantador. La muerte, la enfermedad, el tiempo y la gravedad no significan nada para mí.
Sólo tengo dos enemigos: la luz del día, que me convierte en un ser inerme y vulnerable a los rayos abrasadores del sol, y la conciencia. Dicho de otro modo, estoy condenado a ser habitante eterno de la noche y un vampiro eternamente atormentado.
¿No le parezco irresistible?
[...]
'Queremos a nuestro heroe ¿Dónde está su clasica Harley? Queremos que se monte en ella y se lance a toda velocidad por las avenidas y callejuelas del Barrio Francés. Queremos oírle cantar a pleno pulmón mientras escucha música a través de sus dominutos audífonos, luciendo sus gafas de color púrpura, con su pelo rubio ondeando al viento'
Vale, tíos, mola, me gusta esa imagen. De veras. Aún conservo la moto. Y sí, adoro las levitas, de hecho me las hacen a medida; eso no os lo discuto. Y luego están las botas, por supuesto. ¿Queréis saber cómo voy vestido en estos momentos?
¡Pues no pienso decíroslo!
En todo caso, aún no.

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